martes, 28 de enero de 2014

Día 12 de Prosperidad y Bendiciones!!!!


Amor en Acción!!!

Día 12 Bendiciones

Te amo Gracias por las Bendiciones y Prosperidad que llega a mi vida Hoy.
Saludos de mi corazón al tuyo... 
Para bendecir a otros, debemos quitarnos de lo terrenal para entrar en un sitio neutral.
El poeta Sufi, Rumi, elocuentemente nos invita ahí con estas palabras...
"Ahí afuera, más allá de ideas de bien o mal, hay un lugar. Nos vemos ahí"
El propósito de la lección de hoy es guiarnos a ese lugar. Intuitivamente, cuando menos, la mayoría de nosotros estamos conscientes de que los sentimientos como el amor, la alegría, la gratitud y la apreciación tienen un impacto positivo sobre nuestros cuerpos, mientras que el enojo no resuelto, el resentimiento y la culpa tienen el efecto contrario.
Por lo tanto, hace sentido encontrar la manera de transformar esas experiencias que nos duelen en experiencias que no.
Ahí es donde entran las bendiciones.
En su libro, “Los Secretos del Modo Perdido de Orar”, el autor Gregg Braden define una bendición como un "lubricante emocional", porque, como un ungüento sanador, nos permite liberar las emociones no resueltas y dolorosas que sentimos en lugar de presionarlas hacia dentro de nosotros donde, como el ácido, sólo servirán para corroernos y amargarnos.
"Para lubricar nuestras emociones", escribe Braden, "debemos reconocer (bendecir) todos los aspectos de las cosas que nos lastiman: como bendecir a los que sufren, la causa del sufrimiento y los que son testigos del resultado.
"Con frecuencia encuentro en esto de definir lo que es una bendición" continua diciendo, "que es muy importante ser muy claro acerca de lo que no es.
Cuando bendecimos a alguien que nos lastimó, por supuesto no estamos sugiriendo que lo que pasó está bien o que nos gustaría que volviera a suceder.
Bendecir no condona o excusa cualquier atrocidad o acto de sufrimiento.
No le pone un sello de aprobado al evento hiriente, ni sugiere que algún día elegiríamos revivirlo.
"Lo que sí hace una bendición es liberarnos de nuestras experiencias dolorosas.
Reconoce que los eventos, cualesquiera que éstos hayan sido, han ocurrido.
Cuando lo hacemos, nuestros sentimientos acerca de esas experiencias salen de nuestros cuerpos en lugar de quedarse ahí atorados.
De esta manera, bendecir es la forma de llegar al lugar de Rumi más allá del bien y del mal.
Bendecir es la llave para entrar en el espacio entre los dos.
Temporalmente suspende el dolor lo suficiente para que podamos reemplazarlo con otro sentimiento.
"...el sencillo arte de bendecir te da el poder para cambiar tu vida" agrega Braden.
"¡Y esto sucede en un solo latido del corazón!
Podemos elegir y podemos ofrecer nuestras oraciones desde un lugar de fortaleza y claridad, en lugar de hacerlo desde un lugar de ira y debilidad, y algo maravilloso comienza a suceder.
"¿Suena demasiado sencillo como para que funcione?
Una herramienta tan poderosa puede ser tan sencilla o tan complicada como elijamos hacerla.
La razón por la que las bendiciones funcionan tan bien es fácil de entender.
Es imposible juzgar algo mientras que lo bendecimos al mismo tiempo. Nuestras mentes no permitirán que hagamos ambas cosas a la vez".
Muchas veces, cuando les pido a mis clientes que consideren las palabras del consejo de Braden y que permitan que el proceso de bendecir sirva de lubricante en sus propias vidas, removiendo el dolor y las heridas que sienten, mis peticiones son inicialmente recibidas con resistencia.
Como preguntó un cliente recientemente, "¿Cómo esperas que bendiga a la persona que ha hecho que mi vida sea un infierno los últimos seis meses?"
La pregunta es buena y la respuesta es muy sencilla. Cuando la vida duele, podemos manejar el dolor reviviendo el acto o la situación que nos hirió una y otra vez en nuestras mentes, o podemos hundirla profundamente dentro de nosotros donde silenciosamente continua corroyendo nuestro centro emocional hasta que eventualmente nos destruye por completo.
O, podemos elegir sanarlo simplemente reconociendo el dolor y soltándolo, avanzando en la vida con el entendimiento de que somos mucho más grandes que cualquier dolor que podamos sentir en cualquier momento dado.
La elección es nuestra. Y, como dice Braden, "Si elegimos la sanación, el camino son las bendiciones."
La verdad es que el "infierno" que vivía mi cliente no era el resultado de lo que alguien le hizo, sino de su reacción a lo que alguien le hizo.
Ella podría haber elegido aceptar las acciones de la otra persona como algo que ocurrió y después determinarse a avanzar más allá de ello, al lugar más allá de ideas de bien o mal, del que habla Rumi.
Como comentamos en las primeras lecciones de este Reto de 90 días, nuestro pensamiento es el que determina el bien o el mal en cualquier situación.
Y hasta cuando determinamos en nuestro pensamiento que algo malo ha sucedido, tenemos la opción de verlo como una emoción no resuelta o de soltarlo para avanzar en la vida.
Cuando bendecimos, estamos eligiendo la segunda opción. En esencia estamos diciendo “OK, esta cosa terrible ha sucedido.
Pero mientras siga pensando en ello, mientras le siga dando vueltas en mi cabeza, contándoselo a todo el que me escuche, entonces seguirá pasando. Y yo no deseo eso.
Así es que, en lugar de eso, voy a bendecir esta experiencia en su totalidad y a todas las personas involucradas y después voy a soltarla.
Voy a aceptar que ha sucedido, determinando con mi bendición que algo benéfico saldrá de ello, y entonces voy a continuar con mi vida, porque en realidad, verdaderamente, soy mucho más que esto que me ha sucedido. Yo voy a prevalecer.
Y también voy a bendecir a la persona que perpetró esta situación porque si no lo hago, eso significará que aún la estoy juzgando, aún la estoy etiquetando de “mala” y de que no merece recibir una bendición, y mientras yo actúe así, estoy atrapado en mi propio acto condenatorio al igual que seguramente lo está haciendo esa persona.
Así es que, en lugar de eso, elijo liberarnos a ambos.
La persona está bendecida, yo estoy bendecido, nosotros estamos bendecidos.
Así, elijo liberarme de cualquier infierno que pudiera yo vivir por esta experiencia, abrazando mejor y por completo la porción de cielo que pudiera recibir."
Para poder hacer esto, debemos primero estar dispuestos a confrontar nuestros propios sistemas internos de creencias.
Podríamos enfrentarnos a cuestionar una vida entera de condicionamientos y formas de pensar anticuadas que nos dicen que debemos vengarnos, que debemos vencer a cualquier adversario y que debemos reivindicar cualquier mala acción.
Para poder sobrepasar estas barreras y llegar a bendecir, debemos llegar al punto donde ya elegimos sanar por sobre cualquier otra cosa.
Cuando finalmente estemos dispuestos a soltar todas nuestras viejas creencias y juicios que nos han mantenido atrapados, el verdadero trabajo de las bendiciones puede dar inicio.

El Ejercicio del Día de hoy: Silenciosamente, confronta tu sistema interno de creencias.
Pregúntate si estás dispuesto honestamente a suspender todos tus juicios, todas tus condenas, toda necesidad propia de hacer que el mundo lo haga “a tu manera”. 

La afirmación del día de hoy te permite hacerte la pregunta sencilla y directamente.
Repite la afirmación, y entonces espera a que la respuesta surja de adentro de ti.
Registra tu respuesta y cualquier otra pregunta, duda o preocupación subsecuente, que pudiera venirte a la mente en tu Diario de Bendiciones.
No hay respuestas correctas o incorrectas a esta pregunta o a cualquier pregunta que se haga en el Reto de la Bendiciones.
El propósito de este ejercicio, así como de todos los otros en esta serie de lecciones, es sencillamente el de hacerte más consciente de dónde estás en tus propios procesos de pensamiento, así es que no te pelees.
Sólo responde la pregunta lo más sincero que puedas y registra la respuesta y cualesquiera otros pensamientos que lleguen a tu mente.

La afirmación del día de hoy: "¿Qué tal si estoy dispuesto a bendecir mi mundo, sin importar lo que vea en el?"

La frase del día: "La clave del éxito de las bendiciones es que se reconoce todo desde el que hiere, hasta el que está siendo herido."

Gregg Braden

Nos "vemos" mañana y hasta entonces recuerda, SIEMPRE ES MEJOR BENDECIR. ¡Y todo ESTÁ BIEN!

Bendiciones,
Kate


Día Doce: Prosperidad

Bendecir y Maldecir

En su libro, La Ley y La Promesa (The Law and The Promise), el escritor Neville Goddard cuenta la historia de un joven quien experimentó de primera mano lo poderosa que puede ser la imaginación como una herramienta para bendecir a los demás. 
Un pordiosero se le acercó a un joven para pedirle dinero para comprar comida. Debido a la forma en la que fue criado, el joven le dio todo el dinero que traía en su bolsa, aun cuando en ese momento, sus finanzas eran insuficientes para cubrir sus propias necesidades.
Sin embargo, unas cuantas horas más tarde, se le acercó nuevamente el mismo pordiosero, quien ahora se encontraba completamente borracho.
"Estaba yo tan enojado," le dijo el joven a Neville, "tan solo de pensar que el dinero que yo tanto necesitaba había sido utilizado de tal forma, que me prometí en ese momento que nunca más escucharía la plegaria de un pordiosero.
A lo largo de los años, mantuve mi promesa, pero cada vez que me rehusaba a darle algo a alguien, mi consciencia me lo recalcaba. Me sentía tan culpable que hasta me desarrollé un fuerte dolor estomacal, pero no me podía permitir ser un poco flexible al respecto.
"Hace poco, un hombre me detuvo mientras paseaba mi perro y me pidió dinero para comprar algo para comer. Siendo fiel a la promesa que me hice, se lo negué.
Fue amable a pesar de mi respuesta. Hasta admiró a mi perro y habló de una familia en Nueva York que conoció que criaban perros Cocker Spaniel.
¡Esta vez, mi consciencia realmente me estaba molestando!
Cuando se fue, quise actuar la escena de nuevo como me hubiera gustado que hubiese pasado, así es que me detuve ahí en la calle, cerré mis ojos unos cuantos segundos y reviví la escena de forma diferente. "En mi imaginación, vi al mismo hombre acercarse a mí, pero en esta ocasión el se acercó a mi admirando mi perro.
Después de que platicamos un rato, me imaginé como me decía, 'No me gusta pedirte esto, pero verdaderamente necesito algo para comer.
Tengo un trabajo que comienza mañana en la mañana, pero he estado sin trabajo y esta noche tengo mucha hambre.'
Entonces metí la mano en mi bolsa imaginaria, y saqué un billete de cinco dólares imaginarios y se los di amablemente.
Este acto de mi imaginación inmediatamente disolvió mi culpa.
"Cuatro meses después, cuando caminaba con mi perro, el mismo hombre se me acercó y comenzó a conversar de nuevo conmigo admirando a mi perro.
'He aquí un hermoso perro,' dijo. 'Joven, no creo que me recuerdes, pero hace algún tiempo te pedí dinero y muy amablemente me dijiste que no.
Digo que amablemente, porque si me lo hubieras dado, seguiría pidiendo dinero. Entonces, conseguí un trabajo a la mañana siguiente y ahora, voy mejor y tengo algo de autoestima de nuevo.'
"Yo sabía que el trabajo era un hecho," el joven le dijo a Neville, "cuando lo imaginé aquella noche hace cuatro meses, pero no puedo negar la inmensa satisfacción que me dio el que se apareciera de nuevo para confirmarlo en persona."
Aunque el joven de la historia no lo supo, lo que hizo con su imaginación fue enviar una bendición, envolviendo al pordiosero en una imagen de algo que sabía que podía ser.
Una bendición es nuestra buena disposición para ver lo bueno, para visualizar el mejor resultado, para ver prosperidad en lugar de pobreza y alegría en lugar de tristeza.
Cuando bendices algo o a alguien, estás invocando a lo Divino, estás viendo el bien aun en las circunstancias donde parece imposible que prevalezca el bien.
Una bendición es un acto de fe, una afirmación de lo bueno, dicha en la cara de la adversidad; es el deseo de agarrarse de lo invisible mientras que te sostienes en la sombra de lo que aparenta ser.
Como el joven en la historia, debemos desear ver todo como nos gustaría que fuera y debemos abrazar esa imagen.
Cada uno de nosotros tiene ese poder en su interior y lo utilizamos constantemente, nos demos cuenta o no.

O lo usamos para llamar el bien y para bendecir lo que está en frente de nosotros, o aceptamos únicamente lo que nuestros ojos nos dicen que está en frente de nosotros.
Y una gran cantidad de veces al día podemos elegir como utilizaremos esta fuerza.

La Acción del Día: 
1 Lee de nuevo tu Plan de Negocio para la Prosperidad.

2 Coloca tu cuota de dinero del día de hoy en tu contenedor y lee la afirmación que está en el contenedor tres veces.

3 Bendice a todos los que están a tu alrededor, incluyendo a los otros participantes en este experimento.

Imagina como aquellos a quienes bendices prosperan y se rodean del bien.

Entonces bendícete a ti mismo e imagina lo mismo. Puedes continuar bendiciendo a la persona o personas en tu lista de bendiciones.

El Pensamiento del Día: 

"Existe una gran diferencia entre el deseo a resistir una actividad y la decisión de cambiarla. El que cambia una actividad, actúa; mientras que el que resiste una actividad, reacciona. Uno crea y el otro perpetúa." --Neville Goddard

La Afirmación del Día: “Elijo ser una bendición en el mundo a mi alrededor.”

La vaca (http://www.youtube.com/watch?v=q3X1xEYhew0&feature=share)
Cuenta la leyenda que cierto Maestro marchaba por los caminos con su aprendiz.

Un día, arriban a una pobre vivienda al lado del camino y se acercan a pedir alimento.

Con buena voluntad, los humildes habitantes del lugar les ofrecen lo poco que tenían.

Al verlos tan pobres, el Maestro les pregunta:
“¿Cómo hacen para vivir?” y, el dueño de la casa le comenta: “Pues Usted verá, tenemos aquella vaquita que nos da leche.
Tomamos algo y con el resto hacemos queso que vendemos en el pueblo y, con lo que obtenemos de la venta, compramos lo que podemos.
Somos pobres, pero gracias a la vaquita vamos viviendo”.
Luego de dormir un rato a un costado de la vivienda y siendo aún de noche, el Maestro despierta al aprendiz para seguir la marcha.
A poco que se habían alejado de la vivienda, le dijo: “Regresa a la casa, toma la vaca y arrójala por el acantilado”.
El muchacho se espantó, pero, fiel a su voto de obediencia, cumplió con las órdenes del Maestro.
Su sentimiento fue de horror y nunca pudo superar el trauma que esta cruel instrucción le causó en su espíritu.
Años después, este joven aprendiz ya adulto y habiendo abandonado al Maestro, tuvo en suerte volver a pasar por el mismo camino.
Su espíritu no pudo menos que sobrecogerse al recordar la terrible acción que había cometido y buscó la pobre casita para enterarse cuál había sido el destino de la humilde familia.
Le costó encontrarla… dónde antes había estado la humilde vivienda ahora había un bella casita, con un jardín cuidado, una huerta, flores y varios animales de corral.
“Pobre gente” -pensó para sus adentros- “… con mi ciega obediencia, al matar su vaquita les causé un daño irreparable y tuvieron que irse…”.
Se acercó y golpeó sus manos para llamar la atención de los moradores.
Un hombre mayor salió a recibirlo, su rostro denotaba felicidad y su ropa era prolija y agradable… le resultó vagamente conocido.
“Señor” -preguntó- “¿me podría decir qué fue de la familia que vivía en esta casa años atrás?”
“Pues… Usted verá… nosotros vivimos en esta casa desde siempre, nunca ha pertenecido a otra familia”

Sorprendido el joven insistió: “Pero, aquí vivía una familia humilde a la que tuve la suerte de conocer hace muchos años atrás, ¿acaso son la misma familia que conocí?, ¿cómo hicieron para progresar tanto?”
“Ohhh… no lo recuerdo… pero ya que pregunta no tengo inconveniente en contarle… nosotros vivíamos de una vaquita que nos daba la leche y con ella nos arreglábamos para subsistir.
Cierto día, la vaquita murió despeñada en el barranco y tuvimos que aguzar nuestro ingenio para sobrevivir.

Mis hijos empezaron una huerta y sus productos nos alimentaron y nos permitieron abastecer el mercado local, yo aprendí las artes de la alfarería y me convertí en un afamado artesano, hoy vienen desde lejos a comprar mis piezas, mi esposa retomó sus trabajos de costura y sus prendas también son requeridas a kilómetros a la redonda
Prosperamos y las penurias de la pobreza acabaron para nosotros…
¿Cree Ud. que si esta familia aún tuviese su vaca, estaría hoy donde se encuentra?
Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida. I
deas, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a la mediocridad, dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra un mundo de oportunidades por descubrir.
Oportunidades que sólo podremos apreciar una vez que hayamos “matado” nuestras “vacas”.




Gracias! Gracias! Gracias!  Elizabeth Orozco y su equipo, Dios bendiga el bien de este blog y a todos los involucrados....Namaste!!!

META CUMPLIDA

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